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    Libros que buscan lectores...

Bibliotecas

  por Natalia E. Rodríguez   
 
Piedras Blancas, de Laura Calvo

¿Qué leer?
Piedras Blancas
Laura Calvo
Fondo Editorial Rionegrino
Río Negro, 2005
P/M 18

¿Por qué leer?
Un desconocido y una insólita solicitud: escúpame la mano. Gloria Oviedo, la protagonista de Piedras Blancas, la primera novela de Laura Calvo, reconstruye desde esta anécdota su pasado y su presente. A los tiempos de la infancia, vuelve en busca de aquella niña de deteriorada salud. De su mano recuerda las fiestas en el pueblo, el primer amor, los Beatles, el viaje a Buenos Aires. Después, acude a la adolescencia para rescatar del olvido el despertar sexual, las confidencias con las primas Isabel y Teresa, nuevos amores. Lejano suena el teléfono que anuncia la trágica muerte de Clarita, la hermana menor. El dolor la abandona en los años de la primera juventud y se suman los recuerdos. Muere el padre y aparece un nombre: Rodolfo de la Fuente. Hombre y marido. El nacimiento de Violeta, la primera hija: cuatro kilos cuatrocientos cuarenta. Después, Fermín: un domingo de otoño del 74’. La muerte de Perón. Ya madura, rememora la represión, el secuestro de su hermano Pancho, Pink Floyd, los milicos, el haschís, el especialista que prescribe tuberculosis y dos meses de descanso absoluto en cama. Invierno: Rodolfo hundido en las cobijas. Llega finalmente a lo que es hoy: la rutina de los negocios inmobiliarios, las clases de yoga. Rodolfo vuelve al mundo, la visita de Mecha y una elocuente revelación.
Calvo coloca en el epicentro de su novela a Gloria, una mujer como muchas. De carne y hueso. Hay en esta elección una apuesta deliberada a la reivindicación de la feminidad en múltiples sentidos.  Calvo delimita el universo de una mujer acuciada por la urgencia de lo cotidiano aunque además, interpelada por las preguntas que van y vienen desde regiones lejanas.
Mujer. Amante. Esposa. Madre. Gloria es fuerte. Siempre perseverante, no claudica. Su fuerza arrolladora le permite sobrevivir al desarraigo, la enfermedad, el desaliento. Aquí, el débil y pasivo es el hombre. La realidad se mira desde un ojo que es siempre femenino.
 El protagonismo lo tienen ellas y esta ella que hace de todo y para todos pero que asimismo sueña y se consuela con la esperanza de lo prohibido.
 Calvo deshilvana con habilidad inusitada los retazos de una historia íntima que es a la vez la historia de un país. Y en el fluir de esta memoria personal está también discurriendo la memoria colectiva que  sigue interrogándose e interrogándonos.

Calvo textual
Yo estaba estacionada en una esquina esperando que los chicos salieran de la escuela cuando un hombre de aspecto muy formal, cincuenta años, anteojos, traje gris, me golpea el vidrio del Wolkswagen. Tiene la goma desinflada, me dice y yo que andaba sin auxilio, debo haberme puesto pálida; se dio cuenta y se ofreció a prestarme ayuda: no se preocupe, soy mecánico, me dijo. Y después me explicó que venía del dentista y que debido a la anestesia no tenía una gota de saliva…Entonces me aclaró: necesito un poco de saliva para ver qué pasa con la válvula; escúpame la mano así probamos y usted se va tranquila.

¿Qué más leer de Calvo?
Ángel Fauno (1992)
Conquista del Árbol (1995)
Poemas Perros (1998)
Discursos Vivos (2000)

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