San Carlos de Bariloche, Río Negro Patagonia Argentina 2007

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  por Natalia E. Rodríguez   
 
roitberg

¿Qué leer?

El Oso
Emilio Di Tata Roitberg
Letras de la Patagonia, Bche., 2007
P/M 14

¿Por qué leer?

Andrés Wladimir Quirós vuelve al barrio después de haberse tragado veintidós meses adentro, en el penal de Roca condenado por triple robo. Su compañero de malandradas, Juan Ángel Villar, alias el Zapatero, por tener dieciséis años quedó libre. Él sin embargo, recién había cumplido los dieciocho.

A Andrés siempre le dijeron que parecía un oso. Así le dicen en su casa y en el barrio. Sus conocidos de siempre también lo llaman Gordo. Dos años después, a la vuelta de la gayola, de gordo le queda el nombre solamente: demacrado, ojeroso,  la barba crecida.

Sin trabajo, sin la incondicional compañía de Roberto, su hermano favorito – devenido en ferviente evangélico- el protagonista deberá sobrellevar el paso lento de las horas y los días lejos del fantasma del nefasto Juancito, su antiguo socio. Anclado en la esperanza de encontrar a la Chica del Ombligo, su enamorada misteriosa y con ella, una mejor vida.

Emilio Di Tata Roitberg escribe una novela que muestra lo que no se ve de un Bariloche turístico siempre sonriente. Los personajes transitan por los lugares que muchos de nosotros, los locales, también recorremos a diario: la parada de Moreno, la Galería del Sol, el shopping de la YPF, las cinco esquinas de Beschedt y Brown, el galpón del Tiro Federal. La precisión de quien escribe a la hora de referencializar estos puntos de la ciudad, contrasta con la imprecisión para describir el barrio donde vive Andrés. Allí, los espacios son referidos genéricamente: una placita, la farmacia, la esquina de un edificio, las calles, el departamento.

Di Tata Roitberg no expone sino lo que resulta evidente: la realidad del Alto se opone a la del centro y la de los barrios de los kilómetros. El paisaje opaco y gris del monoblock constituye una contundente metáfora de la muerte: los canteros están vacíos y en las plazas no hay árboles ni flores. Aquel barrio hundido en la desolación, parece ser el espejo que refleja los miles de rostros siempre tristes de los miles de jóvenes barilochenses que deambulan por los márgenes de la pobreza, la delincuencia, la marginalidad, la exclusión social. Pero, resulta llamativo que, mientras pone el acento en esta verdad desconocida para pocos, intentando desnaturalizar estos males que aquejan a muchos pareciera caer en su propia trampa: admitir este estado de situación como familiar; nadie se sorprende porque es costumbre. La novela no cuestiona sino acepta con resignación. Peca de poca irreverencia.

Por otra parte, el escritor instala un interrogante que atraviesa el texto: ¿quién es el peligroso en esta historia? El Oso confiesa sentir pánico de Juancito; el grupo de amigos de la chica del ombligo se asusta de Andrés y su hermano; Velásquez  intimida al Gordo con su prepotencia. En consecuencia, el que lee se pregunta: ¿el peligro está en el otro conocido?, ¿en el otro que es como uno?, ¿en el diferente?, ¿en el que no se me parece? La peligrosidad se desplaza constantemente de un personaje a otro, de un plano a otro y por ende, se vuelve tan escurridiza que desconcierta al lector, necesitado de algunas- no muchas-certezas.
Si bien el autor expone sin rodeos una crítica a la visión estereotipada con que el periodismo local tildado de amarillista lee hechos como este trágico pero real suceso en que se basa el texto, su visión también resulta reduccionista en tanto desatiende factores político- económicos y de (in)justicia social al elegir el maniqueísmo de buenos y malos, de dioses y satanes que no satisface ni en el terreno de la realidad ni en el de la ficción.

Por último, los fragmentos del Antiguo o del Nuevo Testamento que irrumpen desde la voz de un pastor anónimo- Roberto, el narrador, el pastor Salvador Thompson, ninguno, nadie- buscan generar un quiebre narrativo que por irresuelto no hace sino orientar hacia una interpretación  de neto corte religioso-moralista que empobrece.

Pese a los comentarios calificados de José Luis Armenteros de la Gazzeta Digital (México) y de Jacqueline Betancourt de La voz (Chile), el lector se queda con ganas de otra cosa.

Roitberg textual

Fatiga tiene guardado en una caja de zapatos un recorte viejo de El Cordillerano. Andrés nunca lo había visto. “Jóvenes delincuentes atrapados tras triple robo”, dice el titular. Un poco más abajo, Fatiga había subrayado con birome: “Andrés Wladimir Quirós, alias El Oso, atrapado junto al presunto cabecilla de la banda, cuya identidad se mantiene en reserva por tratarse de un menor”… -Si querés quedateló- le dice Fatiga.
Andrés pliega en varias partes la hoja y se la guarda en el bolsillo trasero del pantalón.

   
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