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  por Natalia E. Rodríguez   
 
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¿Qué leer?

El Negro de París
Osvaldo Soriano
Seix Barral, 2005
PM /10

¿Por qué leer?

El protagonista de esta historia es un chico argentino que debe abandonar su país junto con sus padres durante la dictadura militar de 1976. La familia se va a Francia.

Desde la mirada ingenua del niño, Soriano describe una experiencia tan dolorosa como lo es la del exilio. Abandonar la tierra de uno y con ella, los afectos. En la Argentina se queda el tío Casimiro, el triciclo, un largo tren eléctrico y la mascota del nene, la gatita Pulqui. La caricia prolongada al momento de la despedida y el maullido último expresan el dolor de abandonarse el uno al otro aunque también, la esperanza del reencuentro.

En París, el niño descubre un mundo nuevo. La vida se recrea en la novedad del idioma, de la nieve, de las amistades, del barrio. Pero –pese a tanto descubrimiento- el pequeño se siente solo. ¿Y qué mejor para la soledad que una buena compañía? El Negro, un gato tranquilo y distante se convertirá en amigo fiel y compañero de aventuras.

A fines de 1983, con la restauración de la democracia, la posibilidad de volver a Buenos Aires despierta curiosidad. Y entonces, el Negro impulsa un desafío: emprender un viaje a través de los tejados y hasta la Torre Eiffel desde donde su dueño podrá ver la patria propia al otro lado del mar.

Gato con compañía atraviesa el cielo nocturno y las fronteras reales se desvanecen. Aquí es allá; allá es aquí. En un vuelo audaz, la desopilante pareja franquea un límite que solo puede vencerse con la imaginación.
La pluma de Soriano y las ilustraciones de Rep: una historia a lo grande para los más chicos.

Soriano textual

“Una tarde mi papá y yo fuimos en ómnibus hasta la Sociedad Protectora de Animales y encontramos al Negro. Había muchos gatos y perros y gente que los miraba y les hablaba. Daban lástima, ahí encerrados esperando que alguien viniera a buscarlos… Así que estuvimos mirando hasta que lo vi al Negro. Estaba sobre un tronco largo que atravesaba la jaula, echado, con la mirada distante como si soñara. No bien lo vi, con esos ojos redondos como cacerolas y esos bigotes largos como cañas de pescar, me pareció que lo conocía de toda la vida… Lo llamé a través del alambre, mish, mish, mishmishmish, y tardó un rato en mover la cabeza y mirame como diciéndome: “Callate, no hagas el ridículo, ¿querés?”. De modo que cerré la boca, le sonreí, lo señalé con el dedo y le dije a mi papá:
- Ese todo negro, llevémonos ese que tiene cara de zonzo.”

¿Qué más leer de Soriano?

  • Triste, solitario y final (1973)
  • No habrá más penas ni olvido (1980)
  • Cuarteles de invierno (1982)
  • A sus plantas rendido un león (1987)
   
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